Los alumnos Constanza Cuneo, Francisca Álvarez, Lissette Flores Huerta y Fabián Gamboa, nos cuentan sobre la Misión que realizaron junto al Grupo de Pastoral Juvenil, durante el mes de Enero, en el Hogar de Menores de San Vicente de Paul.

“Una experiencia inolvidable, una realidad muy diferente a la que un niño o joven como nosotros vivimos a diario. Desde el día que llegamos al Hogar, hasta el día que tuvimos que partir, traté de dar todo mi cariño, mi entusiasmo y mi alegría, para que los pequeños fuesen los niños más felices del mundo.
Me impactó ver cómo me pedían que los tomara en brazos y les diera un poquito de afecto… Creo que más que dar, recibí mucho más de ellos: aprendí a valorar lo que tengo, a entregar con el alma servicio y dedicación al más necesitado…“
Constanza Cuneo

“Cuando las personas que están junto a nosotros se alejan, recién valoramos la importancia de cada uno de ellos en nuestras vidas. Yo dejé mi vida al lado de mi familia para emprender viaje a Limache, a un Hogar de niños, que me enseñó a valorar tanto a mis seres queridos: valorar a mi familia, a mi papá y por sobretodo valora el cariño de madre. Me sorprendió ver que esos pequeños son felices con tan poquito, son felices junto a las personas que los acompañan, son felices el uno con el otro… Una experiencia inolvidable.
Francisca Álvarez

“Una experiencia gratificante e inolvidable, porque entregué lo mejor de mí para que aquellos niños fueran felices y recibieran todo el amor que yo tenía para regalarles.
Fue impresionante ver cómo ellos se alegraban con un beso, un abrazo, una canción. Me llené de orgullo al ver que mis vacaciones las aproveché al máximo, entregando a los pequeños todo mi cariño, incluso me decían “mamá”, y me impacto darme cuenta de que a esos pequeños les hacía falta lo principal, el cariño, afecto y cuidados, que solo lo puede entregar una familia. ¡Hoy valoro tanto a mi familia! mucho más que ayer.
Lissette Flores Huerta

“Esta experiencia no es nueva para mí. El sentido de ayudar es inexplicable, quieres hacer tantas cosas y el día no te alcanza… vale la pena levantarse a las cinco de la mañana, porque la recompensa es gratificante, cada sonrisa, cada abrazo, cada beso que recibimos de los pequeños, es el mejor premio que he recibido en mi vida. Ver como aquellos niños se sienten apoyados, queridos y felices, para mí es lo esencial durante mi estadía en Limache.
Esta experiencia la volvería a vivir una y mil veces…
Fabián Gamboa


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