Venerance Morin Rouleau
Venerance Morin Rouleau, nació en St. Henri de lauzon, Quebec, Canadá. Venerance demostró desde temprana edad, una inteligencia vivaz y un temperamento enérgico. Su madre, le enseñó desde pequeña a amar y a respetar a los pobres.
Siendo novicia tomó el nombre de Hermana Bernarda; le comunica a su director espiritual lo que para ella es una revelación de Dios: "tú no gozarás mucho tiempo de la vista y la compañía de estas hermanas. Tú irás a una tierra lejana, donde me has de servir. Tú no profesarás en esta casa, y este hábito religioso que tanto te gusta se cambiará".
Ya profesa, Hermana Bernarda integra el primer grupo de misioneras, al oeste norteamericano, llegando a Oregón el 1º de diciembre de 1852, pero para la Providencia, el tiempo no había llegado todavía. Se presentan miles de inconvenientes. ¿Cómo regresar a Canadá? consiguen llegar a California, donde se embarcan en el velero "Elena", que sale el 27 de marzo de 1853 y llegan a Valparaíso, Chile el 17 de junio de 1853.
Las autoridades de la Iglesia y el Gobierno. exclaman: "¡Ellas son las Hermanas de la Caridad que el Señor nos envía!". Madre Bernarda empieza su labor fecunda, estableciendo casas de huérfanos, hospitales y colegios a lo largo de todo Chile. La gente la llaman :"Modelo de fortaleza y de sublime caridad".
En 1880 es nombrada Superiora General, esto hace que en Chile se establezca una comunidad independiente, con el nombre de Hermanas de la Providencia en Chile. El amor y la entrega de la Madre Bernarda Morin por el pueblo de Chile, fueron tan grandes que el Presidente de la república de Chile, Don Arturo Alessandri Palma, la condecoró con la más alta distinción del país, la Medalla al Mérito, que se concedía a los extranjeros ilustres y servidores del país. Ella tenía noventa y tres años.
Madre Bernarda Morin, Sierva de Dios...
"La necesidad de amar que juntamente con la vida de mi corazón iba desarrollándose hallaba su satisfacción y goce en Dios Nuestro Señor, centro del contento y reposa de mi alma, pues entendía que me hallaba en el mundo solo para amar, servir y glorificar a un Dios tan bueno".
"Las cosas de esta vida no tenían atractivo para mí. Sentía habitualmente la dulce presencia de mi Dios en el interior de mi alma; Conversaba con El con toda sencillez, le manifestaba mis deceos y sobre todo le repetia muchas veces que lo amaba de todo corazón. El Divino Salvador, me correspondía haciendo sentir a mi alma con luz clarisíma, que El también me amaba mucho". |
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