Latin ad-venio , llegar.

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las historia, la Navidad. Adviento viene de adventus , venida, llegada. Forma una unidad con la Navidad y la Epifanía. La Liturgia en este tiempo es el morado. El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.

Este periodo está marcado de un carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos; las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesias ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.

Con el Adviento comienza el año eclesiástico en las Iglesias occidentales. Durante este tiempo los creyentes son exhortados

  • a prepararse dignamente a celebrar el aniversario de la venida del Señor al mundo como la encarnación del Dios de amor,
  • de manera que sus almas sean moradas adecuadas al Redentor que viene a través de la Sagrada Comunión y de la gracia, y
  • en consecuencia estén preparadas para su venida final como juez.


SIMBOLISMO

La Iglesia prepara la Liturgia en este tiempo para lograr este fin. En la oración oficial, el Breviario, en el Invitatorio de Maitines, llama a sus ministros a adorar "al Rey que viene, al Señor que se acerca", "al Señor que está cerca", " al que mañana contemplaréis su gloria".

Como Primera Lectura del Oficio de Lectura introduce capítulos del profeta Isaías, que hablan en términos hirientes de la ingratitud de la casa de Israel, el hijo escogido que ha abandonado y olvidado a su Padre; que anuncian al Varón de Dolores herido por los pecados de su pueblo; que describen fielmente la pasión y muerte del Redentor que viene y su gloria final; que anuncian la congregación de los Gentiles en torno al Monte Santo.

La Segunda Lectura del Oficio de Lectura en tres Domingos están tomadas de la octava homilía del Papa San León (440-461) sobre el ayuno y la limosna como preparación para la venida del Señor, y en uno de los Domingos (el segundo) del comentario de San Jerónimo sobre Isaías 11:1, cuyo texto él interpreta referido a Santa María Virgen como "el renuevo del tronco de Jesé". En los himnos del tiempo encontramos alabanzas a la venida de Cristo como Redentor, el Creador del universo, combinados con súplicas al juez del mundo que viene para protegernos del enemigo. Similares ideas son expresadas los últimos siete días anteriores a la Vigilia de Navidad en las antífonas del Magníficat. En ellas, la Iglesia pide a la Sabiduría Divina que nos muestre el camino de la salvación; a la Llave de David que nos libre de la cautividad; al Sol que nace de lo alto que venga a iluminar nuestras tinieblas y sombras de muerte, etc. En las Misas es mostrada la intención de la Iglesia en la elección de las Epístolas y Evangelios.

En las Epístolas se exhorta al creyente para que, dada la cercanía del Redentor , deje las actividades de las tinieblas y se pertreche con las armas de la luz; que se conduzca como en pleno día, con dignidad, y vestido del Señor Jesucristo; muestra como las naciones son llamadas a alabar el nombre del Señor; invita a estar alegres en la cercanía del Señor, de manera que la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodie los corazones y pensamientos en Cristo Jesús; exhorta a no juzgar, a dejar que venga el Señor, que manifestará los secretos escondidos en los corazones. En los Evangelios la Iglesia habla del Señor que viene en su gloria; de Aquel en el que, y a través del que, las profecías son cumplidas; del Guía Eterno en medio de los Judíos; de la voz en el desierto, "Preparad el camino del Señor". La Iglesia en su Liturgia nos devuelve en espíritu al tiempo anterior a la encarnación del Hijo de Dios, como si aún no hubiera tenido lugar.

Adviento es el tiempo litúrgico en el que centramos nuestra mirada en la espera y preparación de la venida de Jesucristo.

Algunas actitudes interiores que se cultivan en este tiempo son:

•  Mantenerse vigilantes en la fe, en la oración, en una apretura atenta y disponible a la palabra de Dios. Dejar de andar por caminos torcidos: “convertirse” para seguir a Jesús.

•  Dar testimonio de la alegría que nos trae Jesús, junto con la caridad amable y paciente hacia los otros; estar abiertos a todas las iniciativas que busquen el bien común.

•  El Adviento invita a vivir intensamente el espíritu de oración. Es tiempo de conversación, es reconocer que necesitamos de él. Implica una actitud de hambre y de pobreza espiritual, hambre de ser liberados de las opresiones y esclavitudes del pecado.

•  Participar en la celebración eucarística. Es tiempo propicio para escuchar la Palabra de Dios que nos invita a estar alerta.

•  Despertar los sentimientos de alegría, esperanza y paz, aún en medio de las dificultades. Esta actitud va muy unida a la vigilancia.

•  Actitud misionera: es hacer presencia de Cristo en el mundo. El hombre busca ansiosamente su razón de existir. El cristiano debe ser signo de fraternidad y comunión, y testigo de Cristo en un mundo que, tentado por l progreso técnico y por el humanismo, a veces quiere emanciparse de Dios.

•  Cultivar la virtud de la paciencia: es cierto que el Señor viene, que está cerca, pero no sabemos exactamente cuando se manifestará definitivamente.

Fuente
1 Wikipedía,
2 Enciclopedia católica,
3 Church forum 2.0 beta 

 

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